Colaboraciones en Semana Santa 2026.
Programa "La Pasión es Nuestra", Domingo de Ramos, 29 marzo 2026.
Lo de los ‘pueblines’ y villas era completamente desconocido a muchos, o hasta despreciado por muchos capitalinos oriundos de allí al considerarlo signo de atraso
A finales de los ochenta del XX cuando recorría la provincia leonesa, en mis labores de investigación y trabajo de campo etnomusicológico en distintos aspectos y expresiones de la tradición sonora y sus protagonistas, en Semana Santa me topaba con múltiples y gratísimas sorpresas. Mis compañeros «braceros del Nazareno», toleraban mi ausencia para hacer algo por la provincia que llamaba su atención pues, como a mí, la piedad popular era materia que también les tocaba la fibra. Y me interesó tanto el asunto que comencé a sondear el tema a otros niveles e intentar darle un «golpe de tuerca» desde perspectivas que lo pudieran justificar en lo académico.
Eran tiempos de desapego a las prácticas religiosas en la calle. Razones históricas cercanas obvias hacían que, algunos o muchos, las tildasen de obsoletas y de necesario planteamiento a extinguir. En aquella, si interesaba la Semana Santa, lo era solo desde lo relativo a ciudades o a ciertas expresiones referenciales. Algo que no afectaba a aquellas costumbres rancias y cancioncillas «beatas», de entonación paleta, así como al ruido de tanto «cacharro» —tan interesante para la organología—. Y es que, «lo de los pueblines» y villas, era completamente desconocido a muchos, o hasta despreciado por muchos capitalinos oriundos de allí al considerarlo signo de atraso, tal vez incluso por ello, olvidado. Pero no para todos. Aunque contados, además de prensa como el Diario de León, investigadores como Luis Pastrana, Augusto Quintana y algunos ya a inicios del XX, como Juan de Alvear, León Martín-Granizo o Mariano D. Berrueta —en libros y revistas como Vida Leonesa—, recogían rasgos de todo esto. La liturgia y «los mayores», junto a algunos entusiastas de toda edad, en los ochenta «se aferraban a la costumbre», mientras pudieran a mantener aquella impronta. Algo que hoy, de manera sorprendente e insospechada entonces, se ha puesto en valor. Implementando así el sentido identitario local e, incluso por las inercias reinantes en toda España —no solo andaluzas o «sevillistas»—, incrementado la puesta en escena con «añadidos» y recuperaciones. Novedades exitosas para el personal, aunque, a veces aculturadas con acierto y otras con escasa idoneidad para el especialista. Pero, permítaseme y disculpe el retomar la auto cita. Como en cualquier investigación, además del trabajo de campo provincial localizando hitos, añadí la documentación de estos en bibliografía literaria de viajes y costumbrista, etnográfica y etnomusicológica de toda índole, además del trabajo de hemeroteca. Y la dedicación daba sus frutos. A inicios de los noventa comencé a escribir sobre el tema en revistas cofrades, prensa y a acercar esta realidad en no pocos congresos nacionales y revistas divulgativas sobre diversos temas de la pasión y relacionados, no solo de índole etnomusicológica y aspectos de contexto relacionados. Mas, muy poco o nada trascendía aquel trabajo a la realidad provincial de entonces, una década antes del «boom» urbanita noventero por las Semanas Santas que, años después, pasó al resto de poblaciones provinciales. No obstante, fui requerido por la televisión de León para participar en debates y programas. En ellos, siempre notaba el asombro y hasta «caras raras» de los presentes cuando mencionaba la riqueza inmaterial provincial en piedad popular y costumbrismo. Hoy, varios de aquellos contertulios abstrusos, son entusiastas divulgadores del tema… y como «desde siempre». Tal vez por ello recibí encargo de realizar varios programas divulgativos y de muestra de las Semanas Santas provinciales durante varios años. Junto a Santiago Ordóñez, Javi Pérez, Xulio Nogueira o Carlos Ochoa a las cámaras, nos desplazábamos a localidades como Sahagún, Astorga, La Bañeza, Valencia de Don Juan/Coyanza, Valderas, y otras más pequeñas como Villamañán, Mansilla de las Mulas, Carrizo, Alija del Infantado, Santa Marina del Rey, Benavides, Llamas de la Ribera, San Justo de la Vega o Posadilla de la Vega, entre otras. Recogíamos para la pantalla costumbres, religiosas, culinarias, etnomusicológico-sonoras, profanas asociadas, indumentaria y enseres, tallas… Iniciativas que siempre agradeceré a los directores de la tele Jesús Sanz y Juanfran M. Fresneda donde, además de realizar la producción —llamando a «to quisqui»—, preparar el guion y hasta permitirme indicar aspectos a mis amigos los cámaras, lo presentaba. Todo en términos altruistas pues, «no había otra». Luego y hasta la actualidad han seguido numerosas intervenciones por mi parte, en la misma línea, cada Semana Santa. El tema había llamado la atención del siempre recordado Norberto que, literalmente «entusiasmó» a otros compañeros fotógrafos de medios para ayudarme y coparticipar en otro proyecto. Durante varios años, nos pasamos las semanas santas, yo: indicándoles lugar, fecha, acto, hora aproximada y qué necesitaba que me fotografiasen y ellos asistiendo puntualmente a lo indicado. También recurrí a materiales de los que ya habían trabajado el tema, como Acacio Díaz o Miguel Pérez desde Imagen MAS. Y hubo que repetir varios años, por suspensiones meteorológicas, inactividad, cambios de horario imprevistos del vecindario o el Sr. Cura y muchos más entremezcladas en múltiples contactos telefónicos indicándoles nuevo rumbo hacia «objetivos cercanos», con el consabido enojo puntual al trabajar moviéndonos «contra reloj» y fecha única. Pero, como Mauricio Peña ha dicho tantas veces, aquel redescubrimiento atraía mucho más su interés profesional y personal y todo pasaba a «gajes del oficio». Algo que todos compartieron, fotografiando desde el Bierzo hasta la otra punta de León. Y el resultado de aquel enorme trabajo compartido, en 2012 pasó a formar parte del trabajo La desconocida Semana Santa de la Provincia Leonesa. Texto y fotos que se incluyeron en la prestigiosa colección etnográfica de la Fundación Monteleón, coordinada por Joaquín Alonso. Y el llamativo e insólito libro se presentó a concurso y obtuvo el premio del Instituto Leonés de Cultura a la mejor publicación divulgativo-etnográfica del año. A partir de aquellos materiales y trabajo, para la Diputación en 2016 se hizo un pequeño folleto a iniciativa del diputado y alcalde de Cimanes del Tejar que, un año más tarde, se ampliaría a una publicación divulgativa de unas ochenta páginas resumen del citado libro —con otras fotos— reimpreso varias veces por su éxito a nivel de promoción turística hasta en Fitur. Por cierto, en la Casa de León en Madrid, algo hemos hecho también por la promoción provincial con acto de presentación anual en varias ocasiones a inicios del XXI. Hoy, prensa y medios dedican numeroso espacio a todo esto, las cofradías en los pueblos se han venido arriba —algunas de nuevo cuño—, grandes y pequeñas localidades provinciales publican su programa y cartel y realizan pregón —yo mismo he tenido el honor de realizar varios—, se multiplican los conciertos y actos litúrgicos hasta hace poco, como indiqué, en desuso u olvido, rescatan tradiciones, amplían actos, publican trabajos de documentación, mejoran enseres y puestas en escena, reconocimientos de interés turístico, aparecen agrupaciones instrumentales a la usanza o tradicionales, la ponderan políticos e instituciones y, ¡qué se yo cuanto más aquí referir! Así que, uno, no sabe si «un puquitín» algo hemos contribuido a ello desde aquellos inicios en solitario y los mencionados logros compartidos. Pero, me da que ni un servidor ni el resto de los aludidos hemos perdido el tiempo, aunque muchos desconozcan o quieran ignorar este trabajo de «mullido» aquí y fuera. Disfrutemos la espléndida realidad actual que permite a la Semana Santa de la Provincia de León no ser ya una «Desconocida».
Video nº2
TRADICIONES
Las campanas de León suenan para 'La aventura del saber'
El popular programa de Televisión Española graba la tradición del toque de campanas en Villavante, Fresno de la Vega, Villaseca de la Sobarriba y León
https://www.diariodeleon.es/sociedad/251026/2064092/campanas-leon-aventura.html
En Villavante con el campanario móvil de la escuela.
Villavante, Fresno de la Vega y Villaseca de la Sobarriba son los tres pueblos en los que recaló este sábado el equipo de La aventura del saber, popular programa de Televisión Española. De la mano del musicólogo leonés Héctor Luis Suárez, el equipo grabó el recuerdo de lo que fue la escuela de campaneros de Villavante, pueblo que en la década de los 80 ensalzó la tradición de la mano de la asociación "Guays" y Joaquín Alonso y en el que pervive 40 años después el encuentro anual de campaneros de mano de la escuela.
En Fresno de la Vega, recogieron la subida al imponente campanario de la iglesia de San Miguel y el emblemático toque de tente nube que explicaron Neo Castañeda y la presidenta de la Asociación Fraxino, Consuelo Roldán, y pusieron en práctica, con maestría pero con aprensión porque no era de noche ni 31 de enero, los veteranos Álvaro Carpintero, Alberto de Paz y Miro Prieto y la joven generación que representan Héctor de Paz, Diego Garcia y José Prieto.
En Villaseca de la Sobarriba el toque de tente nube fue acompañado con una recreación muy concurrida de la procesión que se hace el día de Santa Brígida, el 1 de febrero. El reportaje, a cargo del realizador leonés Carlos González Herrero se completa esta mañana con grabaciones sobre la campana Laurentina de San Isidoro y en la iglesia de Nuestra Señora del Camino o del Mercado, en la que se tocará las campanas como si fuera Viernes de Dolores. Además, cuenta con las aportaciones etnográficas de José Luis Alonso Ponga y Joaquín Díaz, entrevistados en Urueña.
González Herrero, que habitualmente está en el plató, ha querido salir a su tierra para dar a conocer que «el antiguo reino León fue importantísimo durante la Edad Media, contribuyó a construir un nuevo país y las campanas constituyeron un medio de comunicación de la cristiandad, pero también de los asuntos civiles», como la llamada a fuego, concejo o el tente nube para proteger los campos.
Héctor Luis Suárez, sentado, con los campaneros de Fresno, en los soportales de la iglesia antes de subir al campanario.
La pervivencia del toque de campanas se ha reconocido por la Unesco, que declaró esta tradición como Patrimonio Mundial Inmaterial en 2022. El broche lo pondrá Hispania Nostra que promovió la iniciativa junto con la asociación de Segorbe organizando toques de campana por toda la geografía.

Facsímiles de Felechas: paradigma de recuperación etnomusicológica leonesa
Diario de León, sección "Tribuna", 2 agosto 2025
Felechas es una bella localidad montañesa cercana a
Boñar, situada en las cabeceras montañosas de la cuenca del Porma y que, en el
plano arquitectónico popular, se caracteriza por sus bellos hórreos.
En su solar, desde la década de los ochenta del pasado siglo XX y a través de
la Asociación La Brusenda, cada año un interesantísimo evento de la música
popular y de tradición convierte el lugar en un peculiar polo de atracción. Se
trata de su Encuentro de Música Tradicional. Un evento que, por su personal e
infrecuente diseño participativo, consiguió y continúa reclamando atención en
toda España a través de la presencia de intérpretes de prestigio invitados.
Músicos de todo nuestro país, así como de otros vecinos. Allí, tañedores y
aficionados de todo nivel, altruistamente cada primer fin de semana de agosto
acuden para confraternizar desde diferentes formas de expresión sonora, géneros
y estilos. Tras tantas exitosas ediciones, diseñadas más para ser coparticipadas
que para ser solo apreciadas como público, el encuentro constituye ya un
referente. Todo un hito a nivel nacional a distintos niveles y de gran interés
para el plano de la sociología etnomusicológica.
Como complemento a este Encuentro, hace unos años se
planteó la que terminaría siendo una insospechada, insólita y genial
iniciativa. Una propuesta absolutamente infrecuente en todo el panorama
nacional tanto desde la promoción en el plano institucional, como desde el de
la iniciativa privada o asociativa. Debido a todo tipo de motivos obvios que no
necesitan aclaración. Pero aquí, en Felechas, la misma si halló posibilidades
de convertirse en realidad.
Todo se produjo tras caer en manos de Pacho —inquieto
paisano de Felechas, amante de la cultura, la música tradicional, miembro de La
Brusenda y auténtico motor de iniciativas en la prestigiosa empresa matritense
de artes gráficas Alef de Bronce— un viejo cancionero leonés. Compendio de
transcripciones de cantos armonizados para piano. Ante su estrecho vínculo con
el Encuentro mencionado, contenido y título del ejemplar
llamaron su atención. Dicha obra fue el primer cuaderno de: La Montaña
de León: cien canciones leonesas, de Eduardo González Pastrana. Autor que,
para información, puesta en valor o recordatorio de algunos, fuera inolvidable
músico allá a mediados del S. XX. Quien, primero como agustino y más tarde,
secularizado, llevó a cabo una reconocida labor de promoción y dirección de
populares agrupaciones corales en la capital leonesa, así como de recuperación
de repertorio. Colectivos centrados en la interpretación de dichos repertorios
vocales tradicionales, por los que muchos capitalinos pasaron de jóvenes y, cuya
trayectoria, algunos continuaron también «ya de muy mayores» a través de otras
formaciones. Entre ellas La Peña el Jarro, de merienda, canto y
confraternización.
Tras su contacto con la obra, de inmediato y como
complemento al Encuentro, Pacho se planteó la altruista idea de fomentar
todavía más la música de su tierra y montaña natal. Algo que cobró vida a
través de realizar una primera edición facsímil a partir del mencionado
cancionero. La estupenda iniciativa, para participantes y organizadores resultó
tan sorprendente como plausible. Y no menos llamativo resultó su abundante
cantidad de ejemplares facsímiles. Por ello y tras tales hechos, fraguó en él
el interés hacia una continuidad de la propuesta, a través de la recuperación
del segundo cuaderno del mismo autor y de otros materiales homónimos impresos
en su día. Muchos olvidados a nivel popular, como el referido, aunque homólogos
en contenido e importancia dentro de las colecciones existentes de nuestro
patrimonio musical popular cantado. Nos referimos a distintos cancioneros
publicados a lo largo de la primera mitad del S. XX en la provincia de León,
que serían objeto también de su atención.
Así, al modo del primer año de la iniciativa y
vinculadas a este evento musical, han sido realizados nuevos facsímiles en cada
siguiente edición y hasta la actualidad. Publicaciones que, de modo altruista,
han sido entregados a los participantes en este evento. Y, al igual que en la
primera ocasión, éstos facsímiles fueron recibidos como insospechado, generoso,
original y poco o nada habitual presente. Un «detallín» altamente constructivo
y de enorme interés desde el plano de las iniciativas en el ámbito de la
etnomusicología.
A partir del segundo cuaderno, he tenido el honroso privilegio de poder ejercer en el asunto desde el asesoramiento etnomusicológico. Fruto de ello, he podido realizar varios estudios introductorios breves a alguna de las publicaciones. Pero, lo más importante, ha consistido en poder sugerir y lograr que varias sean aceptadas para esta colección de ediciones facsímiles. Colección ya referencial, que se efectúa a partir de importantes trabajos de recogida de la música popular leonesa. Así ya «han retornado a la vida» y conocimiento de muchos aficionados a este tipo de música, por ejemplo los tres cuadernos de Venancio Blanco titulados Las mil y una canciones de la Región Leonesa. Así como, más recientemente, dos de los cuatro cuadernos de música para piano de Rogelio del Villar. En concreto los conocidos como Canciones Leonesas, en ambos casos con la inestimable colaboración de la biblioteca y fondos del Real Conservatorio Superior de Música de Madrid. Centro donde he estado encuadrado en el área de etnomusicología de su departamento de musicología.
En suma, importantísimos logros desde el plano de la
cultura musical popular y de tradición leonesa y en el plano nacional en
general. Posibles gracias a la generosidad y comprensión de La Brusenda y de
Pacho —aunque su modestia no gusta que esto se difunda— para el Encuentro
de Música Tradicional de Felechas. Pero, no quede el lector sin inquietud,
pues hay ya varios materiales más de esta última serie de Rogelio del Villar,
así como otros previstos ya para próximas ediciones. Todo un lujo «que hay que
hacer saber al común de paisanos» y a los especialistas del ramo.
Nuestra tradición: «la quema de la Tarasca», ¿por qué no?
Diario de León, sección "Tribuna", 23 jun. 2025
Hace unos cien años cuando llegaba el
declive de junio, es decir «por San Juan», un cúmulo de asuntos se producían de
manera precipitada y esperada cada año. De un lado, lo relativo a lo
astrológico, al valor solsticial y su vínculo e influencia en tantos aspectos.
Entre otros, la distribución del año, la lumínica diaria o el clima. Eventos
capitales de la naturaleza anual que, en la antigüedad, condicionaron tal
momento como significado para muchas civilizaciones. En lo que afecta a la
tradición conocida de nuestro patrimonio cultural inmaterial, se trata de un
momento primero romanizado y más tarde cristianizado. En este último caso, al
vincular la celebración a la advocación de una figura de las importantes para
ese credo, la de San Juan Bautista: primo, precursor de Jesucristo y encargado
de su bautismo. Desde lo coloquial, este Santo también es conocido por algunas
tierras leonesas como «San Juan el de las pellejas», a causa de la particular
indumentaria de su programa iconográfíco.
La noche de su víspera —la más corta
del año debido a la terráquea trayectoria circundante al astro rey— durante
siglos se ha impregnado de tradiciones que unen religión, superchería, ritual y
fiesta. Algo muy vivo todavía en muchos puntos de la provincia y de toda
Europa. Una de sus expresiones ancestrales más populares es la tradicional
«hoguera de San Juan». Característico evento por su tipismo, al ser atravesada
o saltada y, de modo colectivo a su alrededor, danzada con un repertorio
específico de cantos. Acompañaban estos rituales otras tradiciones, como la
recogida de ciertas hierbas «del tiempo» con efecto talismán amoroso o curativo
para todo el año de personas y animales. Asimismo, enramadas y otros elementos
vegetales, se colocaban o colocan, en lugares concretos de la localidad o en
puntos de la casa de las «enamoradas». Sin faltar en el acervo costumbrista
baños rituales, nocturnos o al alba de gentes o animales, también realizados
con fin casi druídico o protector y en lugares emblemáticos.
La fecha de San Juan o San Xuan
constituía un relevante epicentro, capital para el regir de la vida campesina y
ganadera provincial. A inicios del S. XX y verificado al menos desde el
medievo, todavía este era un día en la capital leonesa de importantísima feria
de ganado anual. Era momento también para cerrar todo tipo de tratos de
labranza entre «amos» y aparceros, entre propietarios de rebaños y pastores,
relativos a alquileres de pastos, puertos y tierras para su laboreo en la
temporada siguiente. Todo sellado con la severidad certificada de la palabra y
el simple apretón de manos. Ceremonial compromiso, para los leoneses de antaño,
«mayor que el rubricado ante un notario». Tras ello, acaecía la pitanza con el
pulpín, los callines y tantos productos «del país» típicos de feria; el comprar
lo necesario o un capricho para el regalo; el degustar el duce o la golosina
excepcional y sencilla – un típico prirulí, la roja manzana caramelizada o un
merengue— y para el disfrute de niños y grandes, lúdicas y sencillas
atracciones de entonces —las barcas, las cadenetas, o las casetas de animales y
de fenómenos naturales o del cine más primitivo-. Este evento atraía «mucho
personal», pues propiciaba conciertos y comedias en el teatro, toros —en los
lugares habituales pues, no había plaza estable—, y en la tarde noche bailes de
pandereta y verbenas, además de luminarias y fuegos de artificio. Vamos, una
realidad tal vez hoy algo desconocida para muchos «ni de oídas» y, por suerte,
bien descrita por varios textos costumbristas. Alguno hasta en la lengua
leonesa de entonces, como los cuentos de Bardón.
Allá en los albores del XX, cuando
«mi padre era pequeño», en la capital esta fecha no era fiesta local y menos
patronal. Era simplemente una renombrada y concurridísima feria, de tal
importancia por todo lo expuesto y por el clima, que atraía mucho visitante.
Con el tiempo y lo dicho, San Juan unida a la popular fiesta del antiguo Barrio
de San Pedro –«y entre ambas San Pelayo», que reza el refrán— llegó a suplir en
lo popular a la celebración de la verdadera fiesta patronal: San Marcelo, allá
«por los Santos». Por ello, en esta hoy fiesta —que ya no feria-, algunos han
reparado en la inexistencia de procesión, al menos hasta este año. O también en
ausencia de imagen devocional de santo que venerar con arraigo popular –salvo,
las puntuales que hubiera en el entonces arrabal campesino y parroquia de San
Juan de Renueva o en la parroquia antaño catedralicia de San Juan de Regla
(este año protagonista del nuevo cortejo a implantar), ambas dedicadas a esta
advocación-.
No obstante y como en tantos lugares
hispanos, eran frecuentes las típicas hogueras en cualquier esquina o
descampado de los barrios históricos y de los periféricos, repletos de prados
en un entorno campestre que arropaba la capital. De modo paulatino, a mediados
de los setenta las primeras desaparecieron por desuso, aunque en los noventa y
como espectáculo asociado a los siempre llamativos fuegos artificiales, se
retomó una única hoguera municipal enorme. Hasta hoy muy concurrida,
lamentablemente. este intento no ha cumplido con su necesario carácter de
«puesta en valor» de la local tradición patrimonial inmaterial y la ancestral
costumbre de «quemar la tarasca». Proceder así recogido todavía en los
programas festivos de los setenta. Una tradición al modo y simbología de tantos
lugares mediterráneos que, tanto en ese día, como en hogueras de otros momentos
del año se realizan. Aquí, el tradicional pelele «a quemar» fue siempre
conocido como «la tarasca» pero, hoy, ha sido sustituido por una aculturada especie
de pequeña falla. Eso sí, algo carente del intrínseco contenido satírico
valenciano pues, estamos en León y, aquí, «choteos» crítico-satíricos «los
justines».
Además de un logro, no sería nada
complejo recuperar y poner en valor el nombre y el costumbrismo asociado a «la
quema de la tarasca». Figura tan nuestra y tan vinculada al Corpus –próximo en
fechas—, como a sus «gigantones». Máxime, tras haberse podido recuperar otras
costumbres, como el altar y «la perra pa San Juan» y habiendo precedente de
esta práctica tan rotunda de la tradición, documentada y viva hasta cuarenta
años atrás. ¡Resulta paradójico! Por ello, este investigador se atreve a
preguntar al Señor Regidor y munícipes: ¿sería tan difícil plantear que, por
San Juan y con los «gigantones», se pueda volver a ver «la tarasca» —como en
Granada en su Corpus—, cada año ataviada de un modo distinto por un diseñador
local —y ¡ojo! que, antaño aquí, cada Corpus como en Granada, la gente también
salía a ver «como iba» ella—? Así como, por otro lado, ¿podríamos presenciar en
esa estupenda hoguera de San Juan — que sí se ha rehabilitado— y junto a su
actual «falla» satírica, la quema para la ocasión o de una figura hermana de
«la Tarasca», o de un pelele recordatorio de ésta? pues, la de verdad, hay que
guardarla bien para acompañar a «los gigantones».
Proyecto educativo:
"𝑬𝒄𝒐𝒔 𝒅𝒆𝒍 𝑩𝒊𝒆𝒓𝒛𝒐: 𝒕𝒓𝒂𝒅𝒊𝒄𝒊𝒐́𝒏 𝒚 𝒂𝒍𝒎𝒂".
proyecto 𝑬𝒄𝒐𝒔 𝒅𝒆𝒍 𝑩𝒊𝒆𝒓𝒛𝒐: 𝒕𝒓𝒂𝒅𝒊𝒄𝒊𝒐́𝒏 𝒚 𝒂𝒍𝒎𝒂 que os adjunto, de difusión del patrimonio inmaterial sonoro tradicional en la comarca del Bierzo -audiovisuales y publicación- preparado por él en su centro y en el que, a gentil invitación para ello he participado también junto a unos cuantos paisanos y estupendos profesionales superconocidos como uno más, ha quedado 𝘀𝗲𝗴𝘂𝗻𝗱𝗼 𝗲𝗻 𝗹𝗼𝘀 𝗣𝗿𝗲𝗺𝗶𝗼𝘀 𝗠𝗧 𝟮𝟬𝟮𝟱, 𝗱𝗲𝗻𝘁𝗿𝗼 𝗱𝗲 𝗹𝗮 𝗠𝗼𝗱𝗮𝗹𝗶𝗱𝗮𝗱 𝗘𝗱𝘂𝗰𝗮𝗰𝗶𝗼́𝗻 𝗜𝗻𝗳𝗮𝗻𝘁𝗶𝗹 𝘆 𝗣𝗿𝗶𝗺𝗮𝗿𝗶𝗮. Aprovecho para felicitar a todos los relacionados con el tema, alumnos y demás y, el año que viene: ¡vamos por el primer premio! Asimismo quiero agradecer la inmerecida introducción que me han dedicado en uno de los videos en que participo y del que os adelanto unas simpáticas imágenes.
http://ceiptoraldelosvados.centros.educa.jcyl.es/.../inde...
https://heyzine.com/flip-book/f318d2223a.html?
Proyecto de Inovación Educativa sobre la obra del compositor Jacinto Guerrero.
Conservatorio de Toledo.
Actividad del Conservatorio Profesional de Música "Jacinto Guerrero" de Toledo (España). Realización de un podcast sobre el autor donde, a modo de entrevista con el alumnado más pequeño del centro dialugaba con un recreado Jacinto Guerrero, a mi cargo. Un momento de la grabación.
Presentación libro Salud y Música. León.
25 Abril 2025, Palacio Conde Luna
He tenido ayer el gusto de acompañar a Román para presentar su libro en León y poder atender su gentileza en seleccionarme para ello. Compañero de trabajo, amigo ya desde tiempos de la juventud en la Banda de León, marido de exalumna. Además pude compartir mesa con Ruth Marcos, profesora de canto de la Escuela de Música Municipal de León y asesora del programa "La Voz" que me recordó que había compartido espacio docente con un servidor como antigua alumna en mis tiempos docentes de facultad de la ULE. ¡Enhorabuena por este trabajo divulgativo acercando a los beneficios para la salud de la música, la musicoterapia y la arteterapia! Muchas gracias por tu consideración en tenerme en cuenta.
Curso de extensión universitaria de la ULE vinculado al V Curso de Música Española" y al Festival de Música Española de León

San Antón, de antañón arraigo en León, mantiene su son
Diario de León, sección "Tribuna", 14 enero. 2025
Los pueblos donde siguen vivas de modo ininterrumpido estas costumbres han contribuido al rebrote en lugares como León donde habían desaparecido
Desde hace unos años la capital leonesa ha recuperado la celebración de actos vinculados a San Antonio Abad, vulgo San Antón. Y es que, el vínculo entre la que fuera urbe regia y lo relacionado con este santo del primer cristianismo, era significativo desde el medievo. Tanto por la presencia física del edificio del Hospital de San Antonio Abad como, en lo inmaterial, por lo asociado a su culto devocional —personalizado en la imagen del Santo, factura de Gregorio Fernández o gubia próxima a su taller (como otras de San Marcelo y hoy en el museo de los Pueblos leoneses de Mansilla)—. Así como, asociado a ello y dentro del ciclo festivo anual, también por actos populares en el ámbito de la tradición y el costumbrismo como la hoguera de la víspera —que describiera Eguiagaray Pallarés—, la bendición de animales o el reparto de los típicos «cotinos», panecillos sin sal.
En muchos lugares de la cristiandad occidental se han localizado hospitales de ayuda religioso-sanitaria del tipo aludido, al cargo de la orden hospitalaria y sus monjes antonianos. Éstos plasmados a través de la iconografía, con la impronta del Santo por su indumentaria identificativa: capa parda y tau azul, además de con la peculiar esquila o campanilla. Bien portada en el pescuezo del inseparable «gochín» a sus pies, o en el báculo o la mano de la devota imagen —en epidemias medievales así se usó para advertir de la cercanía del clerical portador—. Hoy, durante varios actos, con sus capas pardas leonesas y con las distintivas taus franciscanas de madera —los primeros—, de modo recreado, visibilizan la tradición los cofrades de la capuchina cofradía de la Expiración y del Silencio y los miembros de la Asociación San Francisco El Real Extramuros. Todos en el entorno donde de modo secular tuvieron marco: la iglesia y la plaza de San Marcelo o la acera de Botines.
Para los curiosos y como complemento añadiremos que hasta inicios del siglo XX este aludido complejo y hospital —con su característica Torre de Almanzor, su claustro y su fuente hoy en los jardines que rodean el hospital actual—, se mantuvo en pie en el entorno de la que además fuera su capilla: la iglesia de San Marcelo. Es decir, en la manzana entre las plazas de Santo Domingo, San Marcelo y el Arco de Ánimas —espacio y nombre vinculados al hospital por la cofradía de la Piedad y Ánimas del Malvar, hoy en Santa Marina—. Con el ensanche decimonónico extramuros de la ciudad vino la construcción en su solar de la «casa Roldán». Y el otrora desamortizado hospital, fue trasladado a los altos próximos a las ventas de Navatejera por la Diputación Provincial, su propietaria. Allí cobró nueva vida el flamante y funcional edificio para la época que, en recuerdo, en la base de su torre ostenta inserta una hornacina con escultura en piedra del patrono San Antón. En concreto, la que antaño estuviera en su portada principal —actual calle de Legión VII, cerrando esta al lado de la puerta lateral de San Marcelo y la de acceso al Ayuntamiento—. El traslado afectó también a las costumbres asociadas y sobrevino un paulatino desarraigo de espacio de celebración que llevó al olvido en el seno del centro ciudad. Unas tradiciones además ya poco justificadas o hasta trasnochadas entonces para algunos al ir desapareciendo también todo aspecto o presencia rural y ganadera en León, tanto en las cercanías del casco viejo como en el resto de la capital. Subrayado todo por las lógicas consecuencias del desarrollo y los términos de modernidad del urbanismo de su tiempo, condicionantes de las pautas de vida de un entorno urbano de la segunda mitad del siglo XX.
Pero, con el inicio del presente siglo XXI, de modo inesperado
para muchos, han resurgido en contextos asumibles para la vida actual. Los
pueblos donde se han mantenido vivas de modo ininterrumpido estas costumbres
alrededor de San Antón o Antonio «el laconero» o «cochinero», —Astorga, La
Bañeza, Algadefe, Cacabelos, Calamocos, Laguna de Negrillos, Villademor de la
Vega, entre otros—, han contribuido al rebrote en lugares como León donde
habían desaparecido o perdido nivel de relevancia social. Retomar un acto tan
sencillo y enmarcado en la tradición religiosa secular como es el de la
bendición de animales, a cargo de colectivos de defensa animal y plantas,
asociaciones culturales y cofradías, ha reactivado todo el resto de costumbres
—ofrecimiento y canto del ramo al santo, procesión con vueltas al templo,
coplas características o el echar refranes a lomos de caballería (irónicos y
relativos sucedidos del año); rondas petitorias cantadas y con dulzainas y
otros instrumentos para su posterior sorteo de productos del cerdo recaudados
(«jeta», «manos», chorizos, lacones…), o subasta de tartas, y la rifa o subasta
del gocho de San Antón; hogueras. en la víspera y degustación de «fervudos» de
vino caliente ... entre otros. Además, replanteando el tema desde perspectivas
gratamente aceptadas por la sociedad actual. Así ha ocurrido en León, resultado
de una propuesta de refolclorización que ha aunado casi todas las mencionadas
de la mano de las citadas Asociación San Francisco El Real y Cofradía de la
Expiración y del Silencio, así como de varias asociaciones y protectoras de
animales y plantas locales de muy popular labor anexa a la bendición de
animales. Un año más, en los pueblos citados nos veremos en los actos y, en
León, en la mañana del sábado 18 en la ronda petitoria por la calle Ancha,
zonas de vinos anejas y el Mercado del Conde y en la tarde en Botines en la
hoguera, además del domingo en la bendición, misa, ramo, refranes y vueltas en
San Marcelo. Pues, ¡Que viva San Antón!











